Soy un pirata bueno, un Robin Hood de los mares, un bucanero de las denuncias. El Capitán Sparrow y Bartholomew Roberts son mis amigos. No quiero saber nada de Barbanegra desde hace siglos. No soy Chanquete, ni trabajo para Iglo ni Pescanova. Este blog es mi galeón, Círculos Cerrados. ¡Qué más da dónde esté! Todos estamos navegando. Yo navego entre aventuras, ratones y fantasmas. Todo lo real, lo de la tierra firme, tiene su reflejo, surrealista, en este espacio. ¡Zarpen conmigo que os contaré historias! Mis historias, las historias de piratería.

jueves 17 de diciembre de 2009

Sentirse un actor de comedia en una película de piratas.



Así me siento yo:

- Deslocalizado, como una nube de electrones que orbitan alrededor de un núcleo.
- Algo triste, y cansado de fotocopiar días grises.
- Expectante de algo que sé que debe llegar, pero que no sé exactamente cuándo.
- Deportista de acción, pero obligado a estar sentado siempre en el banquillo.
- Vidente del tiempo que pierdo y se escapa de mis manos.
- Desinteresado por mi labor diaria, la cual considero estúpida e innecesaria.
- Vigilado, más que nunca, dentro de los cristales de mi pecera.
- Sutilmente engañado, pero poseedor de un As bajo la manga.
- Haciéndome el tonto, mientras me froto las manos pensado en el jaque mate final en esta partida de ajedrez que se juega con piezas que, francamente querid@s,  me importan un bledo.
- Hablando cotidianamente de eso, cuando quisiera hablar de aquéllo.
- Metafórico, como éste que os escribe.





Y si os digo que me siento como un actor de comedia obligado a interpretar al malo de la película en un drama histórico, o perdido en una de piratas, ¿me creéis?

miércoles 16 de diciembre de 2009

Descabellada Leonor (I)

La Habana es la capital de la República de Cuba y de las provincias Ciudad de La Habana y La Habana. Es también conocida por el nombre fundacional de Villa de San Cristóbal de La Habana y La Ciudad de las Columnas por el escritor cubano Alejo Carpentier. Fue fundada el 16 de noviembre de 1519 por el conquistador español Diego Velázquez de Cuéllar. SU caso histórico ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. 


Fuente: Wikipedia


Unos días antes de perderla para siempre, Leonor se cortó el cabello.  Sus rizos rubios y canos  dejaron de juguetear con su rostro para alfombrar toda la cubierta. Por aquel entonces nos dirigíamos rumbo a La Habana, en busca de son y de la magia que comparte con Ciudad Salada.

Una vez anclados en el seguro Puerto de La Habana, Leonor se escapó del barco. Con la cabeza cubierta con un pañuelo rojo, deambuló insomne por las calles habaneras como alma vagabunda o en pena. Ahora que lo pienso, creo que Leonor no sólo había perdido el pelo, también había perdido su cordura.

Yo, que le había regalado una vida de goces a caballo entre el Círculos Cerrados y todos los puertos del mundo, me sentí impotente. En los primeros años ella parecía feliz, disfrutaba de los viajes tanto como yo, en esta semi libertad que inventamos dentro de la prisión que fue mi barco. Siempre había temido que Leonor enloqueciera y se prendiera fuego como lo hizo mi madre; afortunadamente no fue así., aunque la vida nos tuviera guardadas otras desagradables sorpresas. No moramos en un hogar fijo; aunque ella, por temporadas, me abandonara en alta mar para pasar largas temporadas en Argentina con su familia. El resto del año era mía, aunque a veces pareciera un fantasma más de la bodegas o una ruiseñora atrapada en una jaula de oro.

Tal vez, si hubiéramos tenido hijos, hubiéramos tenido algo más por lo que luchar. Pero ella nunca quiso. Yo  le clamaba por un sucesor, un joven aventurero que tomara el timón como relebo cuando yo ya no esstuviera. No pudo ser. Para Leonor traer al mundo una nueva vida, condenaba al nacido a  la infelicidad. Ella habia vivido en sus carnes la inocencia de los primeros años y el progresivo entristecimiento de la vida cuando te obliga a crecer. Y no quería eso para un hijo. No quería traer al mundo un infante que acabara sufriendo en este cruel y loco mundo. Al final, yo la acabé comprendiendo.

Lo que nunca comprendí fue esa manía de dormir poco. Leonor los días los pasaba en vela y las noches también. Solía sentarse a leer libros a la luz de una titineante vela en su camarote biblioteca. Me solía decir que dormir mucho le restaba días de vida. Y esa falta de sueño fue lo que acabó volviendo loca.



Continuará ...

SALVADOS DE LOS TIBURONES

Mis puntos cardinales