Soy un pirata bueno, un Robin Hood de los mares, un bucanero de las denuncias. El Capitán Sparrow y Bartholomew Roberts son mis amigos. No quiero saber nada de Barbanegra desde hace siglos. No soy Chanquete, ni trabajo para Iglo ni Pescanova. Este blog es mi galeón, Círculos Cerrados. ¡Qué más da dónde esté! Todos estamos navegando. Yo navego entre aventuras, ratones y fantasmas. Todo lo real, lo de la tierra firme, tiene su reflejo, surrealista, en este espacio. ¡Zarpen conmigo que os contaré historias! Mis historias, las historias de piratería.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Un extraño cambio de década


Que mal marcha el planeta cuando ni siquiera somos conscientes de que entramos en una nueva década. ¡Qué pena! Con lo especial que era antes el decir, años 20, 30, 40... 
En mi vida he pasado ya por varias décadas. Del primer cambio (70s a 80s), no  me enterë siquiera. Mis primeros (y grandes) recuerdos se atañen a la década más especial, la de los 80s; la de la buena música, los primeros Spectrum y el cine más espacial... 
Del segundo cambio, sí fui consciente -tal vez demasiado-. El adiós a la inocencia y las borracheras de  realidad tras la universidad marcaron mi bienvenida al mundo: Y sí, era para tanto. 
Del siguiente, fue más el temor al fin del mundo y al efecto 2000, que otra cosa. Y luego, ...la inopia. ¡Qué décadas más saboridas estas dos últimas! Tan asépticas y frías como el silicio de las nuevas tecnologías.  Ahora que lo tenemos todo, parece que no tenemos nada. Tenemos hasta una crisis que, a este paso, pudiera prolongarse una década.

Feliz año. Y, se me olvidaba, feliz década.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Período de buenos deseos


Nos llega el momento de sacar la calculadora y hacer recuento de los recuerdos que nos deja el 2010. Para mí ha sido EL AÑO, el gran año en el que cambió mi vida (para bien). Miedo me da en pensar en el siguiente y en sus suertes. Y miedo me da pensar que pueda romperse la actual tendencia ascendente en la escala de felicidad.


Aprovecho esta pequeña entrada para desearos lo mejor en estas fiestas y en el año que ya se acerca. Os deseo que sintais la vida, tan intensamente, como yo la sentí mientras huía de mi pecera; sentir la fe de las promesas, abrazar al destino y albelgar ilusiones. Y que sigan materializándose los sueños, que la vida, como el espectáculo, debe seguir.
Un capitán.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Nuevos yugos a años luz de la buena educación


Juventud, divino tesoro, ...¿O eso era antes? Desde luego, ahora no. 

He crecido bastante en estos últimos tiempos y lamento comunicar que voy dejando atrás el ser joven. Pero, paradojas de la vida, ahora me he vuelto a encontrar  con la juventud, la de cientos de jóvenes: Malos estudiantes; vagos y astiados de la vida; protestones y protestantes... Competentes para algunas cosas -como la de exigir sus malentendidos derechos- e incompetentes ante sus deberes. Críticos chillones con un supino grado de estupidez. Lascivos en comentarios, tóxicos en su modo de vida...

No sobra que recuerde que el modelo familia tradicional se ha desvanecido.  Los jóvenes ya no tienen padres. Tienen asalariados esclavos y esclavas que pagan sus consolas y caprichos, su alimento y el techo  hipotecado que los cobija. Sus padres no están presentes, son los nuevos desconocidos. Los escuchan más que antes, pues oyen minutos y minutos sus voces a través de móviles de ultimísima generación; aunque, lo que es verlos, los ven bien poco. 

Sin padres, sin madres, con la violencia de la Wii y el alimento de los Wok, los nuevos jóvenes deberían ser el gran reto de todos. ¿Cómo hacerles ver lo que está bien en la vida, si sus  propias casas carecen de vida? ¿Cómo animarles a apagar televisores y consolas de videojuego, tuentis y chismorreos y miren más al mundo? 

Desde mi prematura madurez me aproximo a estos nuevos jóvenes, que realmente me asustan. Sin ir más lejos, en dos semanas he presenciado varios espectáculos que ni en los Sálvames verspertinos. He visto a las niñas imitar a Belén Esteban y al resto de colaboradores con su gritos. He oído a un chaval marginal gritarle al alumno más aventajado y de más color de su clase, ¡que para qué estudiaba!, que su futuro era tan negro como él mismo o como su madre, que la verdad -la que mora ahí fuera-, la que espera, es la de ganar dinero "haciendo trencitas" ... Y esa maldad (tan grande) en un niño de 12 años, me ha  dejado más sordo que cualquiera de los gritos. Y me pregunto si aún hay lugar a la esperanza.

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.
Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.
Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.
Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.
Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.
Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.
Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.
A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.
Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.
Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.
Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
resuelve mi alma de encina.
Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.
Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.
¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?
Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.

Miguel Hernández, no hubiera podido imaginar tanto nuevo yugo

SALVADOS DE LOS TIBURONES

Mis puntos cardinales