Soy un pirata bueno, un Robin Hood de los mares, un bucanero de las denuncias. El Capitán Sparrow y Bartholomew Roberts son mis amigos. No quiero saber nada de Barbanegra desde hace siglos. No soy Chanquete, ni trabajo para Iglo ni Pescanova. Este blog es mi galeón, Círculos Cerrados. ¡Qué más da dónde esté! Todos estamos navegando. Yo navego entre aventuras, ratones y fantasmas. Todo lo real, lo de la tierra firme, tiene su reflejo, surrealista, en este espacio. ¡Zarpen conmigo que os contaré historias! Mis historias, las historias de piratería.

sábado 11 de diciembre de 2010

Nuevos yugos a años luz de la buena educación


Juventud, divino tesoro, ...¿O eso era antes? Desde luego, ahora no. 

He crecido bastante en estos últimos tiempos y lamento comunicar que voy dejando atrás el ser joven. Pero, paradojas de la vida, ahora me he vuelto a encontrar  con la juventud, la de cientos de jóvenes: Malos estudiantes; vagos y astiados de la vida; protestones y protestantes... Competentes para algunas cosas -como la de exigir sus malentendidos derechos- e incompetentes ante sus deberes. Críticos chillones con un supino grado de estupidez. Lascivos en comentarios, tóxicos en su modo de vida...

No sobra que recuerde que el modelo familia tradicional se ha desvanecido.  Los jóvenes ya no tienen padres. Tienen asalariados esclavos y esclavas que pagan sus consolas y caprichos, su alimento y el techo  hipotecado que los cobija. Sus padres no están presentes, son los nuevos desconocidos. Los escuchan más que antes, pues oyen minutos y minutos sus voces a través de móviles de ultimísima generación; aunque, lo que es verlos, los ven bien poco. 

Sin padres, sin madres, con la violencia de la Wii y el alimento de los Wok, los nuevos jóvenes deberían ser el gran reto de todos. ¿Cómo hacerles ver lo que está bien en la vida, si sus  propias casas carecen de vida? ¿Cómo animarles a apagar televisores y consolas de videojuego, tuentis y chismorreos y miren más al mundo? 

Desde mi prematura madurez me aproximo a estos nuevos jóvenes, que realmente me asustan. Sin ir más lejos, en dos semanas he presenciado varios espectáculos que ni en los Sálvames verspertinos. He visto a las niñas imitar a Belén Esteban y al resto de colaboradores con su gritos. He oído a un chaval marginal gritarle al alumno más aventajado y de más color de su clase, ¡que para qué estudiaba!, que su futuro era tan negro como él mismo o como su madre, que la verdad -la que mora ahí fuera-, la que espera, es la de ganar dinero "haciendo trencitas" ... Y esa maldad (tan grande) en un niño de 12 años, me ha  dejado más sordo que cualquiera de los gritos. Y me pregunto si aún hay lugar a la esperanza.

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.
Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.
Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.
Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.
Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.
Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.
Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.
A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.
Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.
Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.
Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
resuelve mi alma de encina.
Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.
Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.
¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?
Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.

Miguel Hernández, no hubiera podido imaginar tanto nuevo yugo

6 ó COMENTAS, o A LOS TIBURONES:

Capitán Clostridium dijo...

Como lo prometido es deuda, dije que recurriría a mi blog cuando realmente lo necesitara... Y así ha sido.

Amio Cajander dijo...

no me extraña que necesitaras anclar por aqui... es terrible

rosama dijo...

Lo cierto es que es muy triste que la juventud de este país esté tan mimada que no sabe lo que es trabajar para ser alguien el día de mañana, y lo que es peor, que se mofen de los pocos que tienen interes en sus estudios o preparación.
De todos es sabido que el tener de todo sin currarselo es convertirse en un tirano inmaduro y egoista.
Yo por mi trabajo lo veo a menudo, y con tu trabajo aún mas.

TORO SALVAJE dijo...

Suscribo tus palabras.
Los padres han dimitido de sus obligaciones y están criando bestias en vez de hijos.

Saludos.

VolVoreta dijo...

No sé cómo acabará todo esto Capitán pero, desde luego, tiene muy mala pinta o yo me he hecho muy mayor y también echo de menos la educación de antaño. ¡Ánimo!

Te dejo un beso Capi.

Markos dijo...

Comparto tu pesadumbre, y estoy convencido de que todo pasará. Cuando a una casa le faltan cimientos, cae. En un par de décadas la sociedad intentará sustentarse en esta generación perdida, y caerá sobre sí misma.

Sólo hace falta buscar un sitio desde el que la caída no sea demasiado severa y que quedemos en alto para que no nos merienden las alimañas que saquean la ruinas.

Salu2

SALVADOS DE LOS TIBURONES

Mis puntos cardinales