Soy un pirata bueno, un Robin Hood de los mares, un bucanero de las denuncias. El Capitán Sparrow y Bartholomew Roberts son mis amigos. No quiero saber nada de Barbanegra desde hace siglos. No soy Chanquete, ni trabajo para Iglo ni Pescanova. Este blog es mi galeón, Círculos Cerrados. ¡Qué más da dónde esté! Todos estamos navegando. Yo navego entre aventuras, ratones y fantasmas. Todo lo real, lo de la tierra firme, tiene su reflejo, surrealista, en este espacio. ¡Zarpen conmigo que os contaré historias! Mis historias, las historias de piratería.

lunes 19 de julio de 2010

Sentirse vigilado por Z-ceos

Nunca habéis caminado por la calle y habéis notado que os  persiguen. Pues yo sí, pero lo he apreciado en alta mar. He navegado durante millas y durante años con la inquietud  de ser vigilado cada movimiento. Me he asomado por la borda, por proa y por popa y nunca he logrado ver nada. Desde el mastil más alto, aquel que enarbola mi bandera, tampoco divisé navío, submarino, ni barco. He sacado mis perros y gatos, con los dientes y las uñas afiladas, por si me asaltaban las bestias en la oscuridad. Yo, en las noches inmensas y azules, he sentido mucho miedo. Ser capitán pirata no va unido a aquello de ser valiente. Escapar de tormentas, realizar robos, hablar con mis fantasmas... Eso no me asusta, lo que me aterra es no ver aquello que me sigue, que presiento y que se vuelve a ocultar, escapándose incluso de mi imaginación.

Decidí buscar una solución. Debía pensar rápido, inventarme algo que detectara el movimiento -qué feliz hubiera sido si en aquellos tiempos hubiera poseído una videocámara-. Pero no, sólo tenía cuerdas y mi ingenio. Decidí colgar trozos de carne y de pescado, pendientes de múltiples cuerdas de distintas larguras, a estribor y babor, al lado derecho e izquierdo de mi velero, el Círculos Cerrados. Estas cuerdas harían repicar campanas y no es que quisiera atrapar nada, lo que pretendía era saber si la amenaza venía de abajo, del inmenso mar. Así ocurrió: comenzaron titineantes y bronceadas bajo un sol injusto a armonizar sus musiquillas. Y yo me asomaba a babor y no veía nada. Luego a estribor y tampoco. Sabía, como un anciano en sus últimos días, que el peligro estaba cerca, pero no podía medirlo ni cuantificarlo. Fuera lo que fuese, había acabado con todo el pescado.

Pasaron los días y al igual que uno se acostumbra a vivir con sus fantasmas, yo me acostumbré a saberme vigilado. Y la mente humana, que es muy sabia, te hace incluso olvidar. hasta los recuerdos. Era Febrero cuando el tiempo fue peor que en Navidades aquel año. Yo seguía sin destino, pero cruzaba el Atlántico, intentando recoger el agua que se acumulaba en la cubierta, con tan mala suerte que, no sé si fue el pie malo o el bueno, tropecé y caí por la borda, dejando mi buque abandonado al quehacer de las olas y corrientes. Entonces, sucedió el milagro. La caída habría sido mortal a no ser por ellos. Doce flamantes delfines danzaron a mi alrededor y fue uno de ellos el que saltó del agua y me recogió en el aire amortiguando mi caida. Luego otro frenó mis nueve coma ocho metros por segundo al cuadrado y mis ciento quince kilos de peso. Ellos jugaron conmigo como si fuera una pelota -gordito estaba, desde luego-. Saltaban, gritaban, alborotaban el silencio tras la tormenta... Y me salvaron y me fueron acercando, poco a poco, cada vez más, a una vieja escala que me llevó a bordo.

Entonces, lo entendí todo. No debí temer nunca a los ocultos vigilantes, mis delfines, cetáceos que custodian mi barco vaya donde vaya. Mis ángeles de la guardia que sólo tuve el honor de ver una sola vez, aunque siga con la feliz sensación, ahora, de sentirme vigilado.

9 ó COMENTAS, o A LOS TIBURONES:

Pluma Roja dijo...

Los delfines me fascinan, son bellos bellos, dichoso que lo acompañaron y lo salvaron.

Saludos cordiales, Capi,

rosama dijo...

Creo que los delfines nos gustan a todos, no hay ningun otro animal que genere mas simpatías y me cabrea mucho cuando los atrapan en redes de forma arbitraria y luego los arrojan muertos al mar.
Con esa vigilancia seguro que finalmente te sentiste mucho mas seguro.
Un saludo.

Yandros dijo...

Estoy de acuerdo con rosama. Los delfines nos gustan a todos. Debe ser porque intuimos en ellos una inteligencia más cercana a la nuestra que la mayoría de los animales. Yo creo que los delfines son los animales más inteligentes que existen, y si tenemos alguna duda es porque se mueven en un medio que nosotros desconocemos. Pero su capacidad de comunicación es algo asombroso
Un abrazo Capi

Piconera dijo...

Hola Capitan

He estado chunguilla y no he podido entrar.

Bueno, me gustan los delfines, tanto como las ballenas, focas y demas, pero sintiendolo mucho no son mis favoritos,sabiais que los delfines son capaces de aislar a una hembra de la manada, acosandola hasta conseguir copular con ella, la cosa es que lo hacen amparados por varios machos jovenes que ayudan a someter a la hembra.
Lo siento, me ha gustado tu post, el sentido romantico que has puesto en el,me encanta como redactas.. pero, les tome antipatia a los delfines cuando me explicaron el comportamiento de este animal.
¡¡ que conste que tampoco me gusta que los atrapen¡¡ ni a ellos ni a ningun otro animal.

Besos Capitan y bienvenido de nuevo por estas latitudes

Yandros dijo...

Buenas de nuevo.
Quisiera rebatir el comentario de Piconera, ya que frecuentemente caemos en el error de "humanizar" el comportamiento de los animales.
Que un ser humano haga algo como lo que ha descrito Piconera es algo deleznable y criminal, en cuanto que somos seres sociales con una moral determinada y el sentimiento del individuo es fundamental.
Que lo haga un delfín es supervivencia. El delfín no actúa por maldad, es simplemente un mecanismo que ha superado la criba evolucionista y se ha erigido como el más eficiente para la supervivencia de la especie.
El delfín no actúa de forma predeterminada, sino instintiva.
No sé si me he explicado bien
Un saludo

Luna dijo...

Capi he vuelto unos días a la intimidad de mi hogar mediterraneo. Pronto me marcharé "definitivamente" al norte, menudo cambio de vida. Mándame un mensaje embotellado!

Markos dijo...

En ocasiones algún fantasma juguetea con nosotros hasta que tiene la ocasión de hacernos un favor ;-)
Salu2

Alís dijo...

Lo desconocido asusta (más que cualquiera de los peligros "conocidos" que nos acechan) porque no sabemos cómo hacerle frente, cómo defendernos en caso de sentirnos atacados...
Luego descubrimos que la mayoría de las cosas que nos dan miedo son inofensivas, como tus delfines (qué bellos son).

Besos

Urlanda dijo...

Hola marinero!
Me alegra leerte de nuevo y visitarte también. Retomo, al igual que tu, el infinito de las letras para ver si consigo un día de estos iluminarme por lo menos las pestañas.. :)
Buen día.

SALVADOS DE LOS TIBURONES

Mis puntos cardinales